¿Qué pasa con tus ahorros si te cambias de trabajo?

Cambiarse de trabajo es algo completamente normal hoy en día y cada vez más gente pasa por distintas etapas laborales. Pero en ese tránsito, una pregunta aparece casi siempre: ¿y mis ahorros previsionales, qué pasa con ellos? Spoiler: no se pierden, no se reinician y no dependen de tu empleador. Pero hay algo que sí puede afectar a tu pensión si no lo tomas en cuenta, y vale la pena entenderlo.

Los fondos ahorrados en tu AFP son de tu propiedad 

Cuando cotizas en una AFP, ese dinero se deposita en una Cuenta de Capitalización Individual que está a tu nombre, por eso, cuando cambias de trabajo o incluso si te quedas sin empleo por un tiempo, el dinero que acumulaste no desaparece: sigue ahí, se sigue invirtiendo y generando rentabilidad.

Tu nuevo empleador simplemente retoma los depósitos en la misma AFP donde ya estabas afiliado. No hereda tu cuenta, no la reinicia ni la toca. Todo sigue donde lo dejaste (más la rentabilidad que sigue haciendo crecer tu ahorro).

¿Qué tienes que hacer al cambiarte? 

Cuando firmes un contrato con tu nuevo empleador, debes informar en qué AFP estás afiliado. Este es un paso que muchos pasan por alto, y tiene consecuencias: si no lo informas, tu nuevo empleador podría afiliarte automáticamente a la AFP que tenga adjudicada la licitación de nuevos afiliados, lo que lleva a posibles pagos mal efectuados.

El verdadero riesgo: las lagunas previsionales 

Aquí está la parte que más importa. Aunque tus ahorros no se pierden, cambiar de trabajo puede generar períodos sin cotización, y eso sí tiene impacto en tu pensión futura.

Una laguna previsional es un período, en que no hay cotizaciones registradas en tu cuenta. Puede ocurrir porque:

  • Renunciaste y estuviste un tiempo sin trabajo antes de empezar en el nuevo.
  • Porque tu nuevo empleador tardó en regularizar y pagar las cotizaciones.
  • Pasaste a trabajar de forma independiente o con trabajo por cuenta propia, sin cotizar.

Cada mes sin cotización es un mes menos de ahorro, pero también un mes menos de rentabilidad acumulada. Y en el largo plazo, eso se nota.

Un escenario que se da más de lo que parece 

Más allá del cambio clásico de empresa A hacia empresa B, hay una transición que ocurre con mucha frecuencia y que tiene un impacto previsional silencioso.

Cuando trabajas con contrato, tu empleador cotiza por ti de forma obligatoria. Pero cuando comienzas a trabajar por cuenta propia, esa cotización automática desaparece. Y si no cotizas de forma voluntaria, entras en lo que podría llamarse informalidad previsional: sigues trabajando, pero tu cuenta de ahorro para la pensión deja de acumular cotizaciones.

El desafío no es solo tener empleo

Hoy, el mundo del trabajo es distinto. Hay más movilidad, más flexibilidad y más formas de generar ingresos.  El desafío real no es solo mantenerse empleado. Es lograr que el ahorro previsional pueda acompañar esas transiciones, sea cual sea la forma en que estés trabajando.

Eso implica estar atento a cuántos meses cotizas efectivamente al año, evaluar y no perder de vista que cada laguna que se genera hoy, es una diferencia que se siente en la pensión de mañana.

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